T-446-17
REPÚBLICA DE COLOMBIA
Sentencia T-446/17
RECONOCIMIENTO
Y PAGO DE INCAPACIDADES LABORALES-Procedencia
excepcional de la acción de tutela
PAGO DE INCAPACIDAD LABORAL SUPERIOR A 180 DIAS-Está a cargo de la Administradora de Fondos de Pensiones a la cual se
encuentra afiliado el trabajador
INCAPACIDAD LABORAL SUPERIOR A 540 DIAS-Marco normativo y jurisprudencial
La regla actual frente a las
incapacidades médicas temporales que superan los 540 días continuos, es que su
reconocimiento y pago debe ser asumido por las Entidades Promotoras de Salud.
DERECHO AL PAGO DE INCAPACIDAD LABORAL-Orden a EPS y a Colpensiones pagar subsidio por incapacidad
Referencia:
Expedientes T-5.859.330 y T-5.924.318 (Acumulados)
Demandantes:
Anilza Inés
Quintero Escobar y Nancy Judith Arias Páez
Demandados:
Nueva EPS, Famisanar EPS, Administradora
Colombiana de Pensiones -Colpensiones- y Sociedad Administradora de Fondos de
Pensiones y Cesantías Porvenir S.A.
Magistrado Ponente:
LUIS GUILLERMO GUERRERO
PÉREZ
Bogotá D.C., catorce (14) de julio de dos mil
diecisiete (2017).
La
Sala Segunda de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por los
Magistrados Alejandro Linares Cantillo, Antonio José Lizarazo Ocampo y Luis
Guillermo Guerrero Pérez, quien la preside, en ejercicio de sus competencias
constitucionales y legales, específicamente
las previstas en los artículos 86 y 241 Num. 9º de la Constitución
Política y 33 y subsiguientes del Decreto 2591 de 1991, ha pronunciado la
siguiente
SENTENCIA
En el trámite de revisión de los fallos proferidos
por el Juzgado Veintidós Penal del Circuito con Función de Conocimiento de
Bogotá, dentro del expediente T-5.859.330; y el Juzgado Treinta y Ocho Civil
del Circuito de Bogotá que, a su turno, revocó el dictado por el Juzgado
Treinta y Cinco Civil Municipal de Bogotá, dentro del expediente T-5.924.318.
I. ANTECEDENTES
1. Selección y acumulación de
expedientes
De acuerdo con lo establecido en los
artículos 86 y 241 de la Carta Política y 33 del Decreto 2591 de 1991, la Sala
de Selección Número Uno de la Corte Constitucional, mediante Auto del 27 de
enero de 2017, resolvió escoger para revisión las sentencias de tutela correspondientes
a los expedientes T-5.859.330 y T-5.924.318. Igualmente, en aquel proveído, la
citada Sala dispuso acumularlos entre sí, por presentar unidad de materia, para
que fueran tramitados y decididos en una misma providencia, de ser ello consentido
por la respectiva Sala de Revisión.
Habiéndose verificado que los casos bajo
estudio abordan, prima facie, una temática general semejante,
cual es la relacionada con la definición de la entidad responsable y el
procedimiento que debe surtirse para el eventual reconocimiento y pago de incapacidades
derivadas de enfermedades de origen común que superan los 540 días continuos,
la Sala Segunda de Revisión suscribe en su integridad la sugerencia de acumulación
antes anunciada y, por consiguiente, habrá de emitir una única decisión
ajustada a los hechos y consideraciones que a continuación se exponen:
2. Hechos relevantes, consideraciones,
pretensiones, intervención de las entidades demandadas y decisiones judiciales de
instancia
2.1. Expediente T-5.859.330
El 15 de septiembre de 2016, la señora Anilza
Inés Quintero Escobar, obrando en nombre propio, formuló acción de tutela contra
la Nueva EPS y la Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones-, dada
la presunta transgresión de sus derechos fundamentales al mínimo vital, a la
salud, a la seguridad social, a la vida digna y a la igualdad, en la que estima
han incurrido las mencionadas entidades por negarse a cancelar a su favor los
respectivos auxilios en dinero producto de las incapacidades médicas temporales
que le han sido prescritas y que ya sobrepasan los 540 días de forma
ininterrumpida.
2.1.1. Como fundamento fáctico de la
solicitud de amparo, se tiene que la actora nació el 20 de febrero de 1962[1] y que empezó su vida
laboral el 25 de enero de 1990 a la edad de 27 años[2], efectuando desde
entonces las cotizaciones obligatorias al Sistema General de Seguridad Social
con el fin de que le fueran amparados los riesgos de vejez, invalidez y muerte[3].
Su idoneidad y suficiencia para trabajar, sin
embargo, se vio menguada más de cuatro lustros después, principalmente a raíz
de las secuelas del “cáncer de mama izquierdo estadio IIb”[4] que
se le diagnosticó en el año 2012 y que llevó a que fuera sometida de inmediato
a una serie de procedimientos quirúrgicos de “resección de cuadrante de
mama”, “reconstrucción de mama con colgajo” y “vaciamiento
radical linfático axilar”[5],
generándose así, a principios del mes de febrero de 2013, un ciclo de
incapacidades sucesivas cuyo pago tan solo se hizo efectivo por el término de
330 días aproximadamente, con corte al 5 de mayo de 2014[6].
Esto último, debido a que tanto la Nueva
EPS como la Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones-, entidades del
Sistema de Seguridad Social Integral a las que se encuentra afiliada, adujeron en
su momento haber cumplido a cabalidad con las disposiciones normativas que regulan
la materia¸ en la medida en que se sirvieron dispensar los respectivos subsidios
por todo el tiempo de duración de la incapacidad hasta que finalmente se surtió,
previo concepto de recuperación no favorable[7],
un primer proceso de calificación de la pérdida de la capacidad laboral en
desarrollo del cual se expidió un dictamen el 21 de abril de 2014 que le
confirió un porcentaje inicial del 44,73%, siendo catalogada su contingencia como
de origen común y fijándose la estructuración a partir del 25 de marzo de ese
mismo año, fecha que concuerda con el día en que se llevó a cabo el último
control de oncología[8].
Inclusive, aunque con posterioridad las
Juntas de Calificación de Invalidez del orden Regional y Nacional coincidieron
en determinar no solo que su porcentaje de pérdida de la capacidad laboral correspondía
a un 45,13%, sino también que la declaratoria de aquel habría de configurarse desde
el 15 de enero de 2015[9],
la accionante no volvió a verse beneficiada con el desembolso de ningún tipo de
prestación por concepto de incapacidades temporales, pese a que las mismas todavía
siguen emitiéndose por no existir evidencia de progresión alguna en su estado
de salud[10],
exceden de sobra los 540 días continuos[11]
y han sido objeto de reclamación oportuna[12].
Bajo esa situación contextual y tomando en
consideración que en la actualidad cuenta con 55 años de edad, dejó hace algún
tiempo de ejercer su oficio independiente como delineante de arquitectura a
causa de la disminución de la fuerza de sus miembros superiores y no posee
rentas o ingresos adicionales que le permitan garantizar su congrua
subsistencia, la señora Anilza Inés Quintero Escobar hizo uso del recurso de amparo
constitucional para que se protejan las prerrogativas iusfundamentales
que devienen vulneradas[13],
de suerte que se le reconozcan y paguen las incapacidades médicas a las que
tiene derecho después del día 330 y mientras subsiste su estado de incapacidad
permanente parcial o bien se consolide su acceso material a la pensión de
invalidez[14],
manteniéndose vigente su vinculación al sistema de seguridad social y
realizándosele, en todo caso, las calificaciones técnicas a que haya lugar para
establecer su porcentaje definitivo de pérdida de la capacidad laboral[15].
2.1.2. Del asunto conoció en primera
instancia el Juzgado Veintidós Penal del Circuito con Función de Conocimiento
de Bogotá que, a través de Auto del 19 de septiembre de 2016, admitió la
acción de tutela y corrió traslado de la misma a la Nueva EPS y a la
Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones- para
que se pronunciaran frente a la problemática jurídica suscitada, en el interés
de conformar debidamente el contradictorio[16].
Pues bien, antes de que se venciera el
plazo de rigor, el Coordinador Jurídico para Tutelas de las Regionales Bogotá y
Centro Oriente de la Nueva EPS intervino mediante escrito en el que propuso que
se declarara la improcedencia del mecanismo tuitivo de los derechos fundamentales
acometido en su contra, toda vez que, en su concepto, además de que se advierte
la falta de legitimación en la causa por pasiva, afloran en el ordenamiento jurídico
colombiano otras herramientas de defensa judicial que resultan idóneas para
perseguir el reconocimiento económico de incapacidades médicas temporales[17].
La alegación inicial halla franca explicación
en el contenido normativo del artículo 23 del Decreto 2463 de 2001[18], que le atribuye la responsabilidad
exclusiva de asumir el pago de incapacidades formuladas por accidente o
enfermedad común a las Administradoras de Fondos de Pensiones, siempre
que estas superen los 180 días. Entre tanto, la restante, gravita alrededor de la
posibilidad que tiene la accionante de activar uno de los siguientes procedimientos
con aparente carácter preferencial: de un lado, acudir a la Superintendencia
Nacional de Salud para que, en ejercicio de su función jurisdiccional y con
base en el trámite sumario previsto en el artículo 148 de la Ley 446 de 1998, se
pronuncie sobre la admisibilidad de su pretensión[19], y por otro, entablar
una demanda en sede de la jurisdicción ordinaria laboral y de seguridad social en
búsqueda de que se resuelva el litigio entre los actores del sistema[20]. Lo anterior, comoquiera
que en el asunto sub-exámine no logró acreditarse la ocurrencia de un perjuicio
grave e irreparable.
También compareció de manera
oportuna al juicio el Vicepresidente de Financiamiento e Inversiones de la Administradora
Colombiana de Pensiones -Colpensiones-, asignado temporalmente al cargo de
Vicepresidente Jurídico y Secretario General de la entidad, quien de entrada se
opuso no solo a los argumentos justificativos de la demanda de tutela, sino en
particular a las declaraciones efectuadas por la Nueva EPS, en el sentido de
que no era de su competencia financiar los dineros reclamados, cuando, en
realidad, los artículos 142 del Decreto 019 de 2012[21] y 67 de la
Ley 1753 de 2015[22]
así lo estipulan expresamente para aquellos eventos en que se requiere el pago de
incapacidades por enfermedades de origen común que superen los 540 días, tal
y como ocurre en el caso de la señora Anilza Inés Quintero Escobar.
De ahí que la única llamada a responder por
las sumas dinerarias surgidas de incapacidades posteriores al día 540 es la
Entidad Promotora de Salud respectiva que, a su turno, recibirá de la Entidad Administradora
de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud -SGSSS- la
retribución correspondiente[23].
2.1.3. En providencia del 28 de septiembre
de 2016, el Juzgado Veintidós Penal del Circuito con Función de Conocimiento de
Bogotá denegó el amparo constitucional impetrado por reputarlo improcedente,
tras haberse percatado del incumplimiento de la inmediatez y la subsidiariedad
exigidos como presupuestos formales de procedibilidad de la acción de tutela.
Acerca del primero de los citados requisitos,
la autoridad judicial arribó a la conclusión de que la gestora no interpuso el
recurso dentro un plazo oportuno y razonable, ya que las incapacidades médicas
temporales cuyo pago reivindica fueron prescritas, en su mayoría, en el año 2014,
y aun cuando por su estado de salud se han ido extendiendo inclusive hasta el
año 2016, “(…) no concurre explicación coherente para justificar una mora de
más de dos años en acudir al mecanismo tutelar”, mucho menos atendiendo a
la evidente negativa que, desde esa época, “(…) exhibieron las entidades del
sistema de seguridad social encargadas de responder por ese tipo de
prestaciones”. Por lo que atañe al segundo, le bastó con insinuar que la
jurisdicción ordinaria laboral es el escenario propicio para ventilar la
controversia sobre la responsabilidad en el pago de incapacidades médicas
superiores a 540 días, “(…) máxime, cuando no es posible verificar la
posible configuración de un daño irremediable, pues de los elementos allegados
al proceso no se observa una afectación clara al mínimo vital”[24].
2.1.4. La precedente decisión no fue impugnada
por las partes.
2.2. Expediente T-5.924.318
Actuando en causa propia, la señora Nancy Judith Arias
Páez presentó acción de tutela el 28 de septiembre de 2016 en procura de
obtener la protección de sus derechos fundamentales al mínimo vital, a la salud
y a la vida digna, presuntamente quebrantados por Famisanar EPS y la Sociedad Administradora de Fondos
de Pensiones y Cesantías Porvenir S.A., al haberle negado el reconocimiento y
pago de las incapacidades que por enfermedad común se le han otorgado y que
superan los 540 días continuos.
2.2.1. Entre los supuestos de hecho en que se funda la
invocación del mecanismo estatuido en el artículo 86 Superior, importa destacar
que la accionante se desempeñaba como ejecutiva de cuenta del call center
Contacto Solutions Ltda., cuando en el mes de enero de 2015 fue diagnosticada
con una “malformación vascular de miembros inferiores”[25],
razón por la que ha venido siendo objeto de múltiples procedimientos
quirúrgicos por virtud de los cuales se le han expedido sucesivas incapacidades
que se han prolongado más allá de 540 días[26].
Al interpelar el reconocimiento de los subsidios
económicos generados con posterioridad a dicho término, la Sociedad Administradora de Fondos de
Pensiones y Cesantías Porvenir S.A., a la que se encuentra afiliada en
pensiones, sostuvo que ya no tenía ninguna obligación legal de pago de
incapacidades, en tanto la suya estaba comprendida desde el día 181 y hasta un
plazo máximo de 540 días, de conformidad con la facultad prevista en el
artículo 52 de la Ley 962 de 2005[27].
Por su parte, Famisanar EPS rehusó tener
la carga de pagar dichos auxilios dinerarios pues, a la fecha, el Gobierno
Nacional no solamente no ha creado la Entidad Administradora de los Recursos
del Sistema General de Seguridad Social en Salud, tal como se previó en el
artículo 66 de la Ley 1753 de 2015, sino que tampoco ha dado cumplimiento al
artículo 67 del mismo cuerpo normativo, en definitiva porque aún no se ha
reglamentado el proceso a través del cual pueda realizarse el reconocimiento y
pago a las Entidades Promotoras en Salud por concepto de incapacidades
derivadas de enfermedades de origen común mayores a 540 días continuos. En esa
medida, concluyó que su deber era simplemente reconocer y pagar las
incapacidades ininterrumpidas hasta el día 180, en función de la
racionalización y correcta destinación de los recursos del sistema[28].
Así las cosas, y sin que haya sido
calificado su porcentaje de pérdida de la capacidad laboral, la actora insta al
juez de tutela con el propósito de que se le ordene a la EPS demandada
reconocer y pagar las incapacidades médicas emitidas con posterioridad al día
540, esto es, a partir del 19 de agosto de 2016. Ello, comoquiera que se halla
todavía incapacitada para trabajar, sin posibilidades de mejoría en su estado
de salud y con serias dificultades a sus 31 años[29] para generar recursos suplementarios
que satisfagan tanto sus necesidades básicas como las de sus dos hijos menores
de edad.
2.2.2. El Juzgado Treinta y Cinco Civil
Municipal de Bogotá, en Auto del 29 de septiembre de 2016, admitió la acción
promovida y ordenó ponerla en conocimiento de Famisanar EPS, vinculando al
mismo tiempo al Ministerio de Salud y a la Sociedad Administradora de Fondos de
Pensiones y Cesantías Porvenir S.A., en calidad de terceros con interés legítimo
en las resultas del proceso, para que ejercieran su derecho de réplica
y, dicho sea de paso, precisaran el tema de la responsabilidad en el pago de
incapacidades médicas posteriores a los 540 días[30].
Como respuesta al requerimiento judicial, el apoderado
general de Famisanar EPS comenzó por dejar en claro que la señora Nancy Judith Arias
Páez reportó afiliación al Régimen Contributivo en calidad de cotizante principal
y su estado era activo, a quien, por lo demás, se le han pagado todas las
incapacidades generadas entre el 15 de febrero y el 14 de agosto de 2015, para
un total de 180 días.
Así mismo, puso de relieve que la usuaria contaba con
583 días de incapacidad y que su expediente técnico fue remitido al Fondo de
Pensiones Porvenir al haberse emitido concepto de rehabilitación con pronóstico
de recuperación favorable. Por manera que, es esta entidad, a partir del día
181 en adelante y hasta por 180 días más, la que debe cancelar las
incapacidades mientras se realiza el trámite de calificación de pérdida de la
capacidad laboral[31].
Por su parte, el representante legal de la Sociedad Administradora de Fondos de
Pensiones y Cesantías Porvenir S.A. manifestó que dicha entidad había procedido
a pagar a la accionante las incapacidades a partir del día 181, es decir, el 25
de agosto de 2015 y hasta el 18 de agosto de 2016, esto es 360 días posteriores
a los primeros 180, por lo que en este momento no le adeudaba suma alguna.
Hizo énfasis igualmente en que la Ley
1753 de 2015 asignó la obligación de pagar las incapacidades que superaran los
540 días continuos a las Entidades Promotoras de Salud, de forma que será
Famisanar EPS la encargada de responder por los subsidios que, con
posterioridad a ese día, sigan originándose. Al mismo tiempo, propuso que fuera
el empleador de la señora Nancy Judith Arias Páez el que adelantara, previa
indicación de medicina laboral, todas aquellas gestiones tendentes a lograr su
reubicación en una labor acorde con su condición física actual, mientras esta
logra recuperarse[32].
Por último, el Director Jurídico del
Ministerio de Salud y Protección Social intervino en el presente caso a fin de
traer a colación los incisos 5º y 6º del artículo 142 del Decreto 019 de 2012,
con asidero en los cuales “(…) el reconocimiento y pago de incapacidades por
contingencias de origen común para los afiliados cotizantes es hasta por el
término de 180 días a cargo de la EPS, y cuando exista concepto favorable de
rehabilitación por parte de dicha entidad, la Administradora de Fondos de
Pensiones -AFP- postergará el trámite de calificación de invalidez, hasta por
un término máximo de trescientos sesenta (360) días calendario, adicionales a
los primeros ciento ochenta (180) días de incapacidad temporal reconocida por
la EPS, caso en el cual, se otorgará un subsidio equivalente a la incapacidad
que venía percibiendo”.
De ahí que advierta que si bien, en
principio, no existe ninguna directriz formal que consagre el reconocimiento de
prestaciones económicas a cargo del Sistema de Seguridad Social Integral,
cuando se trate de eventos de pérdida de la capacidad laboral inferior al
50% de origen común y sin concepto favorable de rehabilitación, la previsión contenida
en el artículo 67 de la Ley 1753 de 2015, cuando quiera que sea efectivamente
reglamentada, “(…) será necesaria como herramienta para lograr el pago de
las incapacidades superiores a 540 días continuos por contingencias de origen
común”.
2.2.3. A partir de la información acopiada, por medio
de sentencia del 12 de octubre de 2016, el operador jurídico decidió conceder
la protección de los derechos fundamentales invocados, corolario de lo cual le
ordenó a Famisanar EPS que sufragara, en un plazo perentorio, las incapacidades
médicas temporales superiores a 540 días, pudiendo posteriormente emprender
todas las acciones pertinentes a fin de obtener el reembolso de lo pagado por
dicho concepto, según las mismas voces del artículo 67 de la Ley 1753 de 2015.
Para la autoridad judicial, hasta antes de la
expedición de la recién mencionada disposición normativa existía un vacío legal
en materia de reconocimiento y pago de incapacidades prolongadas por más de 540
días que fue corregido por el legislador a través de la Ley del Plan Nacional de
Desarrollo, quien resolvió fijar tal responsabilidad en cabeza de las Entidades
Promotoras de Salud, dejando a salvo la posibilidad de estas de perseguir las
sumas canceladas ante la Entidad Administradora de los Recursos del Sistema
General de Seguridad Social en Salud.
2.2.4. La decisión del a-quo fue recurrida
oportunamente por parte del apoderado general de Famisanar EPS, quien se ratificó en todo lo apuntado en
el escrito de contestación a la demanda e insistió en la necesidad de que se
verificara que, con posterioridad al día 180 de incapacidad, no existe
obligación legal para la entidad de reconocer ningún pago al haber emitido
concepto de rehabilitación y quedar ese deber a cargo de las Administradoras de
Fondos de Pensiones o Administradoras de Riesgos Laborales, según fuere el
caso.
2.2.5. En segunda instancia, interesa
precisar que, a pesar de que en el expediente contentivo de la acción de tutela
no obra en físico la decisión judicial adoptada, pudo conocerse su contenido a
partir de una copia informal que, a juicio de la Sala de Revisión, permite
avanzar en el estudio de fondo del asunto, motivo por el que procederá, con
fines de claridad expositiva, a revelar la postura allí acogida[33].
2.2.6. Según puede advertirse, el Juzgado
Treinta y Ocho Civil del Circuito de Bogotá, mediante sentencia del 17 de
noviembre de 2016, revocó en su integridad el pronunciamiento objetado para, en
su lugar, negar el amparo constitucional, al considerar que, en efecto, sí
existe la obligación por parte de las Entidades Promotoras de Salud de asumir
el valor de las incapacidades superiores a los 540 días, pero siempre y cuando
se determine que la persona no tiene derecho a una pensión de invalidez. En
consecuencia, al no haberse establecido el porcentaje de pérdida de la
capacidad laboral que le corresponde a la tutelante, “mal podría el juzgado
ratificar la orden de pago de las incapacidades superiores a 540 días, ya que
necesario es determinar si perdió el 50% o más de su capacidad laboral”,
para lo cual habrá de ordenarse a la vinculada Sociedad Administradora de Fondos de Pensiones y
Cesantías Porvenir S.A. que inicie los trámites pertinentes con apoyo en el
concepto de rehabilitación presentado por Famisanar EPS.
II. ACTUACIONES ADELANTADAS EN SEDE DE
REVISIÓN
1. Expediente T-5.859.330
1.1. Solicitud de insistencia presentada
por el Defensor del Pueblo para la revisión del caso de la señora Anilza Inés
Quintero Escobar
1.1.1. De acuerdo con lo estipulado en el
artículo 57 del Acuerdo 02 del 22 de julio de 2015 “Por medio del cual se
unifica y actualiza el Reglamento de la Corte Constitucional”[34], el
Director Nacional de Recursos y Acciones Judiciales de la Defensoría del Pueblo,
por delegación especial del artículo 40 de la Resolución No. 638 del 6 de
junio de 2008[35],
se sirvió insistir el 18 de enero de 2017 en la revisión del expediente de
tutela de la referencia por suscitar una problemática constitucionalmente
relevante “(…) vinculada con el reconocimiento y pago de una incapacidad
médico-laboral superior a 540 días de una trabajadora independiente con
concepto desfavorable de rehabilitación y sin opción de pensión de invalidez
por tener una pérdida de la capacidad laboral inferior al 50%”[36].
1.1.2. Ciertamente, a juicio de dicho
funcionario, se trata del caso de una mujer con más de 50 años de edad a quien
se le diagnosticó un carcinoma que le impidió seguir trabajando como
independiente y cuya pérdida de capacidad laboral del 45,13% no le permite
acceder al reconocimiento de una pensión de invalidez, pese a que su
incapacidad sigue vigente.
1.1.3. En tal virtud, después de aludir a
la especial naturaleza de las incapacidades médico laborales y de repasar la
normatividad sobre el régimen de responsabilidad en el pago de aquellas[37], concluyó que con la
expedición de la Ley 1753 de 2015, las Empresas Promotoras de Salud tienen a su
cargo la obligación de desembolsar las acreencias económicas respectivas por
concepto de incapacidades superiores a 540 días, pudiendo interpelar, ulteriormente,
a la entidad administradora de los recursos del Sistema, el reintegro de las
sumas canceladas.
1.1.4. De suerte que, en el presente asunto,
así como es claro que la Nueva EPS es la entidad del sistema de seguridad
social integral que debe pagar las incapacidades continuas que sigan generándose
después del día 540 en favor de la tutelante, también lo es que tal subsidio
insoluto representa su único sustento, ya que el sueldo que percibía era el
único ingreso comprobado para cubrir sus necesidades básicas[38].
1.2. Escrito de intervención allegado por
la Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones-
1.2.1. En oficio del 17 de abril de 2017,
la Secretaría General de esta Corporación remitió al despacho del Magistrado
Ponente memorial suscrito por la Directora de Procesos Judiciales con
funciones asignadas de Jefe de la Oficina Asesora de Asuntos Legales de la
Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones-[39], en el que destacó principalmente
la regla general de improcedencia de la acción de tutela para acceder al
reconocimiento y pago de prestaciones económicas, debido a la existencia de
otros mecanismos jurisdiccionales para debatir tales pretensiones.
1.2.2. Con todo, resolvió dejar por sentado
no solamente que a partir de la entrada en vigencia de la Ley 1753 de 2015 son las
Empresas Promotoras de Salud las que deberán pagar las incapacidades generadas
por enfermedad común que superen los 540 días continuos, sino además, que
cuando quiera que acontezca una interrupción en la emisión de aquellas por un
lapso de más de 30 días, lo que se acostumbra es tomar ese hecho como un nuevo
ciclo que dará lugar al reconocimiento y pago de los respectivos subsidios a
cargo del Sistema General de Seguridad Social en Salud, aun cuando el origen
sea la misma patología diagnosticada antes de producirse la aludida
interrupción entre una y otra licencia.
1.2.3. Ahora bien, bajo el marco del Plan
Estratégico de Defensa Jurídica Constitucional que se ha trazado la entidad que
representa y una vez examinada de nuevo en sede administrativa la situación de
la reclamante, encontró que esta no reúne los requisitos para acceder a la
pensión de invalidez, por las razones que se extraen a continuación:
a) Por obra de Resolución No. VPB 440 del
15 de mayo de 2014, la Administradora Colombiana de Pensiones -Colpensiones-
resolvió reconocer y ordenar el pago a favor de la señora Anilza Inés Quintero
Escobar del subsidio económico por incapacidad médica temporal a partir del día
181 de los períodos que van desde el 4 de noviembre de 2013 al 5 de mayo de
2014 equivalentes a 150 días, visto que se había expedido dictamen de
pérdida de la capacidad laboral el 21 de abril de 2014:
Fecha inicial
Fecha Final
Días de incapacidad
Días acumulados
Resolución
Fecha de Resolución
4 de noviembre de 2013
3 de diciembre de 2013
30
30
440 de 2014
15 de mayo de 2014
4 de diciembre de 2013
2 de enero de 2014
30
60
440 de 2014
15 de mayo de 2014
5 de enero de 2014
3 de febrero de 2014
30
90
440 de 2014
15 de mayo de 2014
5 de febrero de 2014
6 de marzo de 2014
30
30
440 de 2014
15 de mayo de 2014
6 de abril de 2014
5 de mayo de 2014
30
60
440 de 2014
15 de mayo de 2014
b) La accionante cuenta con conceptos
desfavorables de rehabilitación y dictámenes de pérdida de la capacidad laboral
emitidos por todas las instancias, donde se determina que no se le ha asignado
un porcentaje de pérdida de la capacidad laboral de 50% o más, fundamento por
el cual no puede ser considerada persona inválida en los estrictos y precisos
términos dispuestos en el artículo 38 de la Ley 100 de 1993. En ese sentido,
no hay incapacidades pendientes por pagar:
Fecha inicial
Fecha Final
Avalada
Motivo de no aceptación
6 de mayo de 2014
4 de junio de 2014
No
Concepto de Rehabilitación Desfavorable
6 de mayo de 2014
4 de junio de 2014
No
Se profirió calificación de la pérdida de
capacidad laboral
6 de junio de 2014
5 de julio de 2014
No
Concepto de Rehabilitación Desfavorable
5 de septiembre de 2014
4 de octubre de 2014
No
Concepto de Rehabilitación Desfavorable
22 de mayo de 2015
10 de junio de 2015
No
Concepto de Rehabilitación Desfavorable
c) Agotado el trámite previsto en el artículo
41 de la Ley 100 de 1993 por parte de la entidad respecto de la calificación de
la pérdida de la capacidad laboral, la señora Anilza Inés Quintero Escobar
presentó nuevamente solicitud para ser evaluada el 29 de septiembre de 2016,
expidiéndose nuevo dictamen el 10 de octubre siguiente, en el que se le asignó
un porcentaje del 36,92% de origen común y con fecha de estructuración del 28
de julio de 2016, merced al reciente concepto desfavorable de rehabilitación
del 21 de septiembre de 2016 remitido por la Nueva EPS.
d) Conforme a lo dispuesto en el artículo
39 de la Ley 100 de 1993, modificado por el artículo 1º de la Ley 860 de 2003,
a la actora no le asiste el derecho a la pensión de invalidez, puesto que, según
se indica en los dictámenes de pérdida de la capacidad laboral, no se le ha
fijado un porcentaje igual o superior al 50%.
e) En atención a que en materia de prórroga
e interrupción de incapacidades no existe normativa que regule dicha noción,
las entidades promotoras de salud aplican los criterios establecidos en el
artículo 13 de la Resolución 2266 de 1998, expedida en su momento por el Instituto
de los Seguros Sociales y estimada por la Superintendencia Nacional de Salud
como una guía para establecer regulaciones razonables frente al tema. Por tal
motivo, una vez cotejado el certificado de relación de incapacidades de la
afiliada, se tiene que su estado se ha interrumpido por más de 30 días en
cuatro oportunidades, “dándose inicio a nuevos ciclos en donde a la EPS le
corresponde asumir desde el día 3 a 180 y al Fondo de Pensiones a partir del
día 181 y hasta el 540”.
1.2.4. Con fundamento en las anteriores
premisas, la interviniente pidió que se ratificara la decisión judicial
adoptada en primera y única instancia, teniendo en cuenta que además de resultar
improcedente el pago de las incapacidades médicas expedidas con posterioridad a
los 180 días y hasta el término de los 540, la acción de tutela no tiene
vocación alguna de prosperidad para el caso concreto, a fuerza de su carácter eminentemente
supletivo y excepcional[40].
2. Expediente T-5.924.318
2.1. Auto del 12 de mayo de 2017
2.1.1. Tal y como se había apuntado inicialmente
en este pronunciamiento, una vez remitidos los procesos de tutela
T-5.859.330 y T-5.924.318 a la Corte Constitucional, mediante Auto del 27 de
enero de 2017, la Sala Número Uno de Selección de Tutelas decidió escogerlos
para su revisión y, al mismo tiempo, acumularlos por presentar unidad de
materia, a fin de que fueran resueltos en una misma sentencia.
2.1.2. Es así como la Secretaría General de
esta Corporación, en sendos oficios con fecha de 3 de febrero de 2017, procedió
a enviar los aludidos expedientes al despacho del suscrito magistrado anexando
los cuadernos correspondientes.
2.1.3. Empero, respecto del Expediente
T-5.924.318 se anexaron dos cuadernos de 15 y 44 folios, sin que en ellos
constara en físico la providencia expedida en segunda instancia por parte del
Juzgado Treinta y Ocho Civil del Circuito de Bogotá, a propósito de la
impugnación presentada por el apoderado general de Famisanar EPS, la cual fue
admitida por el Juzgado Treinta y Cinco Civil Municipal de Bogotá en auto del
20 de octubre de 2016[41],
autoridad judicial que conoció de la acción de tutela en primera instancia.
2.1.4. Frente a tal eventualidad, la Sala
de Revisión, en Auto del 12 de mayo de 2017[42],
consideró necesario oficiar al Juzgado Treinta y Ocho Civil del Circuito de Bogotá
para que, en un plazo perentorio, remitiera, con destino a esta Corporación, el
cuaderno contentivo de las actuaciones surtidas con posterioridad a la
impugnación antes señalada, en las que se incluya la sentencia de segunda
instancia proferida dentro del proceso sub-exámine. De igual forma, dispuso
la suspensión de los términos del mismo durante 20 días, contados a partir del
preciso momento en que se allegue el reseñado cuaderno.
2.1.5. En respuesta al requerimiento, el
Secretario del citado despacho judicial se sirvió remitir a esta Corte, a
través de comunicación del 19 de mayo de 2017, una copia simple de la sentencia
de segunda instancia[43],
cuyo contenido fue especificado en acápite precedente, con la advertencia de no
contar con el original de las actuaciones reclamadas, en la medida en que
aquellas reposaban en el expediente enviado a la Corte Constitucional para su
eventual revisión desde el 1º de diciembre de 2016.
2.2. Auto del 15 de junio de 2017
2.2.1. Dado el anterior contexto, la Sala de
Revisión decidió solicitarle a la Secretaría General de la Corte Constitucional
que activara los procedimientos internos necesarios para la búsqueda y
ubicación del cuaderno contentivo de las actuaciones surtidas con
posterioridad a la impugnación admitida por el Juzgado Treinta y Cinco Civil
Municipal de Bogotá en auto del 20 de octubre de 2016. En consecuencia, se
mantuvo la suspensión de los términos para fallar el proceso hasta el 14 de
julio de 2017, fecha razonable y prudencial para que se ubique el aludido
cuaderno.
2.2.2. No obstante lo anterior, la
Secretaria General (E) de la Corporación, en oficio del 27 de junio de
2017, aunque indicó que “se
procedió por parte de esta Secretaría a realizar las gestiones pertinentes para
dar con la ubicación del referido cuaderno contentivo, no hay un resultado
positivo hasta la fecha”,
dejando constancia de la colaboración infructuosa solicitada a los despachos
que tuvieron a su cargo la Sala de Selección Número Uno de 2017[44].
2.2.3. En todo caso, a la luz de los principios
de prevalencia del derecho sustancial sobre el formal consagrado en el artículo
228 Superior[45]
y de informalidad previsto en el artículo 14 del Decreto 2591 de 1991[46], y sobre la base
de que a través de copia simple pudo accederse al contenido de la providencia de
segunda instancia proferida dentro del Expediente T-5.924.318, la Sala de
Revisión habrá de proseguir con el estudio de fondo del asunto ya
contextualizado a fin y efecto de delimitar el problema jurídico subyacente
y, al mismo tiempo, perfilar una posible solución desde el punto de vista
jurisprudencial y normativo.
III. CONSIDERACIONES
1. Competencia
Es competente esta Sala de la Corte
Constitucional para revisar las decisiones proferidas dentro de las acciones de
tutela de la referencia, de conformidad con lo establecido en los artículos
86 y 241, numeral 9º, de la Constitución Política, en concordancia con los
artículos 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991, y en cumplimiento del Auto del 27
de enero de 2017, proferido por la Sala de Selección de Tutelas Número Uno de
esta Corporación.
2. Formulación del problema jurídico y
aspectos relevantes por tratar
2.1. Efectuada una lectura integral del
acápite de antecedentes, le corresponde en esta oportunidad a la Sala Segunda
de Revisión determinar si las entidades del Sistema de Seguridad Social
Integral que fueron demandadas transgredieron los derechos fundamentales al mínimo
vital y a la vida digna de las señoras Anilza Inés Quintero Escobar y Nancy
Judith Arias Páez, como consecuencia de sus respectivas decisiones de no
reconocer y pagar las incapacidades médicas expedidas con posterioridad al día
540, bajo la particular consideración de que no existe una obligación legal
clara que les atribuya dicho gravamen.
2.2. Para tal cometido, sin embargo,
conviene destacar que la problemática jurídica recién aludida, desde la
perspectiva constitucional, ya ha sido objeto de desarrollo jurisprudencial por
parte de esta Corporación, a propósito de la frecuente revisión de acciones de
tutela que incluyen supuestos fácticos sustancialmente análogos. De ahí que, en
esta ocasión, la Sala reitere brevemente las sub-reglas que han ido
decantándose para este tipo de casos en lo tiene que ver con (i) la
procedencia excepcional de la acción de tutela para solicitar el reconocimiento
y pago de prestaciones de tipo económico por concepto de incapacidades médicas
y (ii) el marco normativo y jurisprudencial vigente sobre las
incapacidades médicas de origen común y las entidades responsables de su pago
cuando sean superiores a los 540 días ininterrumpidos, para luego, finalmente,
puestas en contraste con los hechos materiales de los asuntos que se estudian,
dar respuesta al cuestionamiento previamente enunciado[47].
3. Reglas jurisprudenciales que se
reiteran
3.1. La procedencia excepcional de la acción de
tutela para solicitar el reconocimiento y pago de prestaciones de tipo
económico por concepto de incapacidades médicas.
3.1.1. Conforme se ha explicado ampliamente
en la jurisprudencia de la Corte Constitucional, la acción de tutela fue
concebida como un instrumento de defensa judicial para la protección inmediata
de los derechos fundamentales al que la propia Carta Política atribuyó un
carácter subsidiario y residual[48],
nota distintiva al hilo de la cual no puede admitírsele como un mecanismo
alternativo, adicional o complementario de los previstos en el ordenamiento
para garantizar los derechos de las personas, pues con ella no se busca
sustituir los procesos ordinarios o especiales y mucho menos aún, desconocer
las acciones y recursos judiciales inherentes a los mismos para controvertir
las eventuales decisiones que se profieran[49].
3.1.2. Y es que tal atributo, claramente expresado
en el artículo 86 Superior, ha dicho la Corte, además de reconocer la
naturaleza preferente de los diversos mecanismos judiciales establecidos por la
ley[50],
convirtiéndose en la regla general de resolución de los conflictos jurídicos
relacionados con derechos fundamentales, permite interpretar que el ejercicio
del recurso de amparo constitucional sólo es procedente de manera excepcional,
cuando no existan otros medios de protección a los que se pueda acudir, o aun
existiendo éstos, se compruebe su ineficacia en relación con el caso concreto
o se promueva para precaver la ocurrencia de un perjuicio irremediable[51].
3.1.3. Partiendo de las precisiones que
anteceden, es apenas lógico que, por ejemplo, tratándose de controversias
relacionadas con el reconocimiento, liquidación y orden de pago de prestaciones
sociales de tipo económico, como es el caso de incapacidades médicas por
contingencias de origen común, esta
Corte haya sido consistente en sostener la regla de improcedencia general de
la acción de tutela, sobre la base de que el ordenamiento jurídico ha diseñado
un sistema de control judicial mediante acciones y recursos ordinarios -vías
jurisdiccionales y administrativas- que admiten el cuestionamiento concreto de
esa clase de asuntos, cuya índole es eminentemente litigiosa[52].
Así lo sugiere el numeral 4
del artículo 2 de la Ley 712 de 2001 “Por la cual se reforma el Código
Procesal del Trabajo”[53], que habilita a la
jurisdicción ordinaria, en sus especialidades laboral y de seguridad social, para
conocer toda suerte de “(…) controversias relativas a la prestación de
los servicios de la seguridad social que se susciten entre los afiliados,
beneficiarios o usuarios, los empleadores y las entidades administradoras o
prestadoras, salvo los de responsabilidad médica y los relacionados con
contratos”.
No ha de olvidarse tampoco, por otra
parte, la función jurisdiccional de la Superintendencia Nacional de Salud
reconocida por el legislador a través de la Ley 1122 de 2007[54], entidad que
puede conocer y fallar en derecho, con carácter definitivo y con
facultades propias de un juez, los asuntos vinculados con el “(…) reconocimiento
y pago de prestaciones económicas por parte de las EPS o del empleador”[55].
De manera que, como podrá advertirse, los
procedimientos acabados de mencionar se erigen, a primera vista, en las
herramientas legales cualificadas al que todas las personas -en su calidad de
usuarios- deben acudir, preferentemente, para garantizar la protección de sus derechos
constitucionales, incluyendo los de raigambre fundamental, cuando quiera que
sean amenazados o vulnerados por alguna de las entidades que conforman el
Sistema General de Seguridad Social Integral, en la medida en que son los
cauces por los cuales puede debatirse más ampliamente los conflictos jurídicos
que surjan alrededor del reconocimiento, liquidación y pago de auxilios
económicos y subsidios de incapacidad provenidos de la emisión de incapacidades
médicas temporales.
3.1.4. Ahora bien, no obstante lo
anterior, conviene aclarar que tal paradigma argumentativo no está planteado en
términos absolutos, pues en la misma jurisprudencia constitucional se ha
atemperado el criterio formal de improcedencia atrás descrito siempre que logre
comprobarse que los medios ordinarios de
defensa judicial no resultan aptos, idóneos y eficaces para prodigar una
protección inmediata a los derechos fundamentales que son objeto de amenaza o
violación. Circunstancia en la que, de modo excepcional, la acción de tutela se
revela como el instrumento de defensa adecuado y oportuno para salvaguardar las
garantías de raigambre fundamental[56].
Esta labor, por lo demás, le concierne directamente al
juez constitucional, en cada
caso en particular, con miras a determinar cuándo ese medio judicial preferente
es ineficaz o no es lo suficientemente expedito para prodigar una solución inmediata,
eventos en los que el recurso de amparo se impone, indefectiblemente, como
mecanismo directo de protección[57].
3.1.5. Para lo que interesa al presente
juicio, no puede perderse de vista que la Corte se ha dado a la tarea de fijar en
su jurisprudencia algunos criterios adicionales que le permiten al juez de
tutela flexibilizar la evaluación de los requisitos de subsidiariedad e
inmediatez en este tipo de casos y, consecuencialmente, establecer con mayor
grado de certeza la idoneidad o no de los mecanismos ordinarios de defensa
judicial dispuestos en el ordenamiento, al paso que la razonabilidad en el
ejercicio de las solicitudes protectivas de garantías iusfundamentales
frente a los supuestos transgresores de estas[58].
Veamos:
a) Las condiciones objetivas de quien pretende el
amparo constitucional (edad, estado actual de salud, situación económica,
social y familiar) y cualquier otro elemento de juicio o circunstancia que
pueda ponerlo en situación de vulnerabilidad o de debilidad manifiesta[59].
b) La activación de la acción de tutela por parte de
sujetos que requieren de especial protección constitucional, como ocurre en
el caso de niñas, niños, adolescentes, mujeres embarazadas, personas cabeza de
familia, desplazados, personas de la tercera edad o en situación de
discapacidad. De ser así, el test de procedibilidad se torna menos estricto,
justamente en atención al estado de debilidad manifiesta que afrontan y por
virtud del trato especial que la propia Carta Política dispone en su favor.
Esto significa que el análisis del caso concreto debe ser más amplio y comprehensivo,
aunque sin dejar por ello de ser riguroso[60].
c) La existencia de una presunción de
afectación grave de los derechos al mínimo vital, a la salud y a la vida digna con la ausencia o dilación injustificada en el pago de los auxilios o subsidios
económicos por concepto de la expedición de incapacidades médicas por
enfermedades o accidentes de origen común, siempre que se trate de la única
fuente de ingresos para sufragar las necesidades básicas, personales y familiares
del reclamante. Dicho en otras palabras, debe analizarse si el usuario,
afiliado o beneficiario deriva su sustento y el de su núcleo familiar de su
salario, que es suspendido temporalmente en razón de su imposibilidad para
desempeñar su profesión u oficio habitual[61].
d) La interposición de la
acción de tutela en un plazo razonable acorde con las especificidades
ofrecidas en el caso concreto, para lo cual, además de valorarse la existencia de razones
válidas que justifiquen la inactividad del interesado (caso fortuito o fuerza
mayor), la permanencia en el tiempo de la amenaza o vulneración argüida o la
desproporción respecto del ejercicio de la acción de la tutela en un término
perentorio por cuenta de la propia condición objetiva de vulnerabilidad o
debilidad manifiesta, habrá de ser especialmente examinado el grado de
diligencia del afiliado cotizante frente a la omisión o negativa en el
reconocimiento y pago de las incapacidades médicas, así como la eventual imposibilidad
física para entablar la acción de tutela debido a la prolongación de su estado
incapacitante[62].
3.1.6. En este orden de ideas, si
el juez verifica que quien pretende el reconocimiento y pago de incapacidades
médicas se inscribe en algunas de las señaladas hipótesis, debe considerar la
admisibilidad de la acción de tutela “para remover los obstáculos que
enfrentan quienes soportan circunstancias de debilidad manifiesta, reivindicar su
derecho a la igualdad real y efectiva frente a quienes no padecen esas
contingencias y materializar los principios de eficiencia, universalidad y
solidaridad intrínsecos a la garantía del derecho fundamental a la seguridad
social, dentro del cual se inscribe el derecho a recibir oportunamente el pago
de las incapacidades laborales”[63].
3.2. El marco normativo y jurisprudencial vigente
sobre las incapacidades por enfermedad de origen común y las entidades
responsables de su pago cuando son superiores a los 540 días ininterrumpidos.
Aplicación retroactiva del artículo 67 de la Ley 1753 de 2015
3.2.1. De acuerdo con las disposiciones legales que
regulan las incapacidades médicas por contingencias de origen común,
dependiendo del tiempo de duración de la incapacidad, la prestación económica
recibida durante ese lapso podrá ser denominada auxilio económico[64]
si se trata de los primeros 180 días contados a partir del hecho generador de
la misma, o subsidio de incapacidad[65]
si se trata del día 181 en adelante.
3.2.2. La obligación de pago de incapacidades está
distribuida de la siguiente manera:
(i) Entre el
día 1 y 2 le corresponde al empleador, según lo establecido en el artículo 1º del
Decreto 2943 de 2013[66].
(ii) Entre
el día 3 y 180 está a cargo de la EPS con base en el mismo decreto.
(iii) Desde
el día 181 y hasta el 540, tal gravamen se radica en cabeza de las
Administradoras de Fondos de Pensiones, conforme a la facultad que les concede el
artículo 142 del Decreto 019 de 2012[67]
para postergar el trámite de calificación de invalidez hasta por un término
máximo de 360 días calendario adicionales a los primero 180 días de incapacidad
temporal reconocida por la Entidad Promotora de Salud, cuando esta última haya emitido
concepto favorable de rehabilitación[68].
3.2.3. Pero si de lo que se trata es de incapacidades
médicas prolongadas más allá de los 540 días, resulta indispensable puntualizar
que, hasta antes del año 2015, en sede de cada una de las Salas de Revisión que
integran la Corte Constitucional se venía alertando sobre la existencia de un déficit
de protección legal en materia de seguridad social, acusado principalmente
por la falta de regulación expresa que estipule la obligación de reconocimiento
y pago de dicha contingencia[69].
A título ilustrativo de todo lo precedente, bien vale la pena traer a colación
la Sentencia T-468 de 2010[70],
en la que este Tribunal identificó el aludido vacío normativo de la manera que
a continuación se cita:
“De lo expuesto anteriormente, se puede
establecer que en Colombia el Sistema Integral de Seguridad Social ampara al
trabajador que se incapacita, con ocasión de un accidente laboral o enfermedad
profesional, durante todo el tiempo necesario para su recuperación o hasta la
calificación y pago de la indemnización por incapacidad parcial permanente o invalidez;
cuando la patología surge como consecuencia de una enfermedad general o por
accidente de origen común, el sistema reconoce el auxilio por incapacidad hasta
por un término máximo de 540 días, de los cuales los primeros 3 días los asume
directamente el empleador, desde el día cuarto y hasta los 180 días los paga la
EPS, y los 360 restantes los asume la ARP o las AFP con autorización de la
Aseguradora que ampara los riesgos de invalidez.
No obstante, aunque en principio se diría
que las garantías proteccionistas del sistema integral de seguridad social son
generosas, esta Sala repara en el hecho de que no existe legislación que
proteja al trabajador cuando se le han prolongado sucesivamente incapacidades
de origen común y que superan los 540 días. Son muchos los casos en que las
dolencias o las secuelas que dejan las enfermedades o accidentes de origen
común que obligan a las EPS o demás entidades que administran la salud a
certificar incapacidades por mucho más tiempo del estipulado en el Sistema
Integral de Seguridad Social y que a pesar de las limitaciones físicas la
pérdida de la capacidad laboral no alcanza a superar el 50% y por tanto,
tampoco nace el derecho al reconocimiento y pago de la pensión de invalidez, lo
que deja al trabajador en un estado de desamparo y sin los medios económicos
para subsistir”.
Ciertamente, con ello la Corte quiso significar que un
trabajador al que se le expide una incapacidad laboral, bien sea por enfermedad
o accidente de cualquier género, puede verse enfrentado a un variado elenco de
situaciones, entre las que sobresale de forma singular los estados de
inhabilidad física o mental superiores a los 540 días, pues a
diferencia de quienes son incapacitados por períodos inferiores, en este específico
evento los trabajadores se hallan absolutamente desprotegidos por ausencia de
regulación normativa, “(…) ya que no existe claridad de cuál sería la entidad de
protección social que debe asumir el pago del auxilio por incapacidad, situación
que empeora si el empleador logra demostrar ante el Ministerio de Protección social
que en virtud de la incapacidad del trabajador no es posible reintegrarlo al cargo
que venía desempeñando o a otro similar, operando de esta manera el despido con
justa causa contenido en el artículo 62, numeral 14 del código sustantivo del
trabajo”[71].
Nótese aquí, entonces, cómo el trabajador
no solo queda desprovisto del respectivo desembolso de las incapacidades cuando
son emitidas por encima del tope amparado por la ley, esto es, 540 días, sino
también del sustento económico para garantizar su congrua subsistencia.
3.2.4. Fue así como, con posterioridad, el Gobierno Nacional,
a través de la Ley 1753 del 9 de junio de 2015, por medio de la cual se aprobó
el Plan Nacional de Desarrollo para el período
comprendido entre 2014 y 2018, formuló una solución para superar el déficit de
protección evidenciado, al asignar la responsabilidad de pago de incapacidades
por enfermedad de origen común que superen los 540 días continuos a las
Entidades Promotoras de Salud. El tenor literal de la citada preceptiva es el
siguiente:
“ARTÍCULO 67. RECURSOS QUE ADMINISTRARÁ
LA ENTIDAD ADMINISTRADORA DE LOS RECURSOS DEL SISTEMA GENERAL DE SEGURIDAD
SOCIAL EN SALUD. La Entidad administrará los siguientes recursos:
(…)
Estos recursos se destinarán a:
a) El reconocimiento y pago a las Entidades
Promotoras de Salud por el aseguramiento y demás prestaciones que se
reconocen a los afiliados al Sistema General de Seguridad Social en Salud, incluido
el pago de incapacidades por enfermedad de origen común que superen los
quinientos cuarenta (540) días continuos. El Gobierno Nacional
reglamentará, entre otras cosas, el procedimiento de revisión periódica de la
incapacidad por parte de las EPS, el momento de calificación definitiva,
y las situaciones de abuso del derecho que generen la suspensión del pago de
esas incapacidades”.(Subrayas
y negrillas no originales)
Como puede apreciarse, la disposición legal
transcrita atribuyó la obligación de reconocer y pagar las prestaciones
económicas derivadas de incapacidades médicas causadas por enfermedades de
origen común que sobrepasen los 540 días continuos a las Entidades Promotoras
de Salud[72],
quienes, a su vez, podrán perseguir las sumas dinerarias sufragadas por tal
concepto ante la nueva entidad Administradora de los Recursos del Sistema
General de Seguridad Social en Salud -ADRES-[73].
Siendo ello así, resulta claro que el
artículo 67 de la Ley 1753 de 2015 es aplicable por entero a las situaciones de
hecho que involucren certificados de incapacidad expedidos a partir de su
entrada en vigencia, esto es, desde el 9 de junio de ese mismo año[74].
3.2.5. Con todo y ser ese, en principio, el
ámbito de aplicación temporal de la referida normativa, en los más recientes
pronunciamientos adoptados por esta Corporación ha venido aceptándose la
posibilidad de que esta sea empleada con efectos retroactivos, entre otras
razones, por la elemental consideración de que el régimen jurídico que la contempla
no estableció un esquema transicional que cobijara los casos de usuarios con
incapacidades médicas emitidas de manera previa a la fecha de promulgación de
la ley, desconociéndose de plano la prevalencia del principio de igualdad
material.
3.2.5.1. Una primera aproximación válida a
esa línea interpretativa se encuentra en la Sentencia T-144 de 2016[75], en donde la Sala Quinta de Revisión de la
Corte Constitucional asumió el conocimiento de una acción de tutela entablada
en contra de Salud Total EPS y la Administradora de Fondos de Pensiones y Cesantías
Porvenir S.A., por la presunta vulneración de los derechos fundamentales a la
seguridad social, a la vida digna y a la salud de una de sus afiliadas, a quien
se le negó el pago de las incapacidades que le fueron certificadas por sobrepasar
los 540 días ininterrumpidos.
Para zanjar la cuestión debatida, teniendo
por acreditado que la pérdida de capacidad laboral de la accionante era
inferior al 50% y que seguía siendo objeto de sucesivas incapacidades por
cuenta de la gravedad de las lesiones que sufrió con ocasión de un accidente
automovilístico, la mencionada Sala optó por abordar el marco normativo y
jurisprudencial relacionado con la responsabilidad en el reconocimiento de
incapacidades de origen común superiores a los 540 días, con el propósito de
poner de presente que el vacío legal existente en la materia fue satisfecho por
el legislador a través de la expedición de la Ley 1753 de 2015, en cuyo
artículo 67 se reguló todo lo concerniente a su pago para eventos de casos
futuros.
Frente a esa coyuntura, anticipó, sin
embargo, que no se había delineado un régimen de transición que permitiera
fijar un parámetro hermenéutico que diera solución a aquellas personas que se
inscribían en la realidad que el artículo regulaba, pero que ostentaban
incapacidades médicas causadas con anterioridad a la entrada en
vigencia de la Ley 1753 de 2015. En esa medida, concluyó que la aplicación
del artículo 67 derivaba en un trato desigual que si bien tenía
explicación lógica desde el punto de vista de las reglas de vigencia y aplicación
de las leyes, en últimas, terminaba generando una tensión constitucional a la
luz del principio de igualdad material, pues no concurría razón alguna para diferenciar
y beneficiar tan solo a un grupo específico de personas en gracia de una
consideración temporal, aun a sabiendas de que tal escenario fáctico ya se
ofrecía problemático de antemano. En otras palabras, no existía justificación
constitucionalmente atendible para fijar una diferenciación en el otorgamiento de
protección legal.
Por manera que, atendiendo al hecho de que
en el caso concreto se reclamaban varios períodos de incapacidades temporales expedidas
antes y después de la fecha de entrada en vigencia de la Ley 1753 de 2015, decidió
darse aplicación retroactiva al artículo 67 para imponerle la carga
administrativa de pago general a la EPS accionada, en cuanto, a la postre, era el
Estado, representado por la entidad administradora de los recursos del sistema
general de seguridad social en salud, el que debía reembolsar tales sumas.
3.2.5.2. En idéntico parecer a lo expuesto en
precedencia, la Sala Novena de Revisión, por obra de la Sentencia T-200
de 2017[76], se pronunció en torno a dos procesos acumulados
en los que se demandaba a distintas entidades pertenecientes al Sistema de
Seguridad Social Integral por no haber reconocido ni pagado las respectivas
incapacidades médicas que sumaban más de 540 días continuos, pese a que los
actores no acreditaban un porcentaje de pérdida de la capacidad laboral
que los hiciera acreedores de una pensión de invalidez.
En esa oportunidad, la Sala, apoyándose en el antecedente
jurisprudencial previamente reseñado, afirmó que la entrada en vigencia de la
Ley 1753 de 2015 modificaba en su integridad el panorama de pago de
incapacidades que superan los 540 días para personas que no han tenido una
pérdida de capacidad laboral igual o superior al 50%, pues, al haberse imputado
tal responsabilidad a las Entidades Promotoras de Salud, debía entenderse
superado el déficit de protección que se venía planteando por la propia Corte
Constitucional desde hace años atrás, al menos mientras se encuentre
vigente el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018.
Basándose entonces, en las premisas anotadas, se
sirvió reeditar la tesis de aplicación retroactiva del artículo 67 de la Ley
1753 de 2015 como una metodología plausible para evitar el tratamiento desigual
que, en la práctica, acababan recibiendo los casos suscitados antes de su fecha
de promulgación, en tanto no emergía fundamento alguno que explicara que
fuera favorecido solo un grupo determinado de personas con base en un simple parámetro
temporal.
De ahí que entre las órdenes dictadas frente a los
casos concretos se hubiere incluido el reconocimiento y pago, por parte de las
Empresas Promotoras de Salud convocadas a juicio, de las incapacidades emitidas
desde el día 541 hasta que cese su emisión por haberse comprobado la
rehabilitación satisfactoria y reincorporación laboral de los tutelantes.
3.2.5.3. Por último, vale destacar la recién
expedida Sentencia T-401 de 2017[77],
mediante la cual la Sala Quinta de Revisión retomó el breve itinerario
jurisprudencial hasta ahora trazado con motivo de una acción de tutela en la
que se reclamaba a Sanitas EPS y a la Administradora de Fondos de Pensiones y
Cesantías Protección S.A. por haber quebrantado los derechos fundamentales al
mínimo vital, a la salud, a la seguridad social y a la vida digna de una
afiliada diagnosticada con hipotiroidismo y trastorno afectivo bipolar a quien
se le negó el reconocimiento y pago de las incapacidades médicas causadas con
posterioridad al día 540.
En ese fallo, el trámite de revisión tuvo
como punto de partida el reconocimiento de la situación de desprotección que
enfrentaban las personas que eran destinatarias de certificados médicos de
incapacidad laboral superiores a los 540 días continuos, dada la inexistencia
de obligación legal de pago de tales certificados a cargo de las
entidades que conforman el Sistema de Seguridad Social.
Así, tras efectuar un repaso del acervo
jurisprudencial existente en la materia en el que se llamó la atención, al
unísono, sobre la falta de reglamentación en torno a la entidad que está a
cargo de reconocer dicho...
Fuente auxiliar/interpretativa. No constituye asesoría jurídica profesional.